El Lobisón

Bah! La muerte, nunca le tuve miedo, y ahora en este momento es lo que me persigue. La culpa es mía, sí, pero no quita el hecho de que lo que me lleva a esta situación es la traición. Todo empezó con una asignación del trabajo.
Nos pedían a mi y a Francisco, mi compañero, que cazáramos a un lobisón. Teníamos que dejar nuestra tierra cordobesa para ir a Buenos Aires, atraparíamos a ese lobisón, al que ya habíamos visto, ese maldito Simón. Mató a la mitad de nuestros compañeros y nuestro último enfrentamiento no fue nada placentero, por poco atrapa a Fran. Resulta que vamos a donde nos dicen, vamos a Chacabuco, a la parte menos poblada, donde los habitantes habían reportado ver a una bestia con nariz de cerdo, pelaje negro y colmillos. Llegamos el mismo día; nos instalamos en una casa de campo, que humildemente nos prestó el trabajo. Bien ya sabíamos que esa casa no era una casa normal. Tenía de todo, apretabas un botón y las paredes cambiaban a ser metalizadas, con armas, vacunas, el equipo necesario, todo y sin embargo ahora estoy al borde de la muerte.

Ya de noche, me senté afuera con Fran, y hablábamos de un montón de cosas, no obstante estábamos atentos a la aparición de Simón. De repente escucho un ruido, al igual que Fran, nos levantamos juntos y cruzamos una mirada de advertencia. Ambos sacamos nuestras armas. Yo me confiaba de mis dos pistolas SIG P220 metalizada, mientras Fran alardeaba su “escopeta de macho”. Caminamos entre lo altos pastizales veo que de a poco Fran se va, se desvía y yo camino derecho, no me entra el pánico siempre es así hasta que encontramos uno. Después de media hora de haber caminado y recorrer el mismo camino dos veces, vuelvo a la casa. Entro y él no está, cosa que puede pasar, pero no fue que me alarme hasta después de dos horas y media, que no volvía. Yo ya estaba arriba, cambiada para dormir, cuando escucho que alguien cierra la puerta. Solté un suspiro de alivio, él estaba a salvo. Lo idiota de mi parte fue no bajar a verlo. A la medianoche, me levanto sobresaltada al escuchar como alguien o algo derriba mi puerta y viene corriendo hacia mi. Trato de correr, a despertar a Fran, pero cuando llegó a su habitación lo único que hay es sangre derramada en todas partes. Cierro los ojos y ahora recuerdo mis mismísimos pensamientos. <<¡No! ¿Por qué?>> Tan insolente había sido yo de ponerme a pensar y a lamentarme por aquel estúpido sentimiento llamado amor, que no presiento que ese lobisón, que en algún momento era Fran, estaba atrás mío y me mordió. Sin mas esperanza me vuelvo a donde esta ese asqueroso lobisón, esperando a que me mate, pero se va. Salta por la ventana y se va. Bajé a donde estaban las armas y las vacunas. <<Pensa Anastasia, pensa, en una leyenda, en que te enseñaron, en tus métodos, sacate esa porquería de la sangre!>> me digo a mi misma. Claro que hay una cura, la vacuna ACML, que me liberaría de todo veneno lobisoniano, pero lo que yo me inyecto es el ALCML, el antídoto letal. Bueno, tal vez me muera pero no me voy a convertir en el mayor enemigo de mi vida. ¡Querido lector! ¡Cuenta esta historia, cuenta que Simon no esta muerto, que Francisco es un lobisón! ¡Que el mundo sepa mi historia!

Comentarios

  1. Buen trabajo Abril. El comienzo "in media res" es muy interesante y sitúa al lector en plena acción. Asimismo el final, en el que sorprendentemente el narrador se dirige a nosotros en 2da persona, genera el dramatismo y sorpresa necesarios para que tu historia sea impactante.
    Hay en tu publicación final algunos errores de redacción por corregir: tu narración alterna entre el presente y el pasado dentro del mismo párrafo. Hay secciones en las que todo debería estar narrado en el mismo tiempo. Ej: "estábamos atentos a la aparición de Simón. De repente escucho un ruido (...)". La forma correcta sería "de repente escuché/escuchamos un ruido". Es un ejercicio interesante como escritora revisar tu cuento e intentar corregir estos vaivenes.
    8 (ocho)

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